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jueves, 7 de mayo de 2020

Una página en blanco



(...)

Hemos empezado a delimitar con las palabras un espacio en blanco cuyo plano, nos dice la geometría, tiene una extensión infinita. Pero como nosotros no somos infinitos, necesitamos acotarla con márgenes manejables. Eso, desde luego, no invalida el concepto, y de ahí la fragmentación de ese solo plano infinito en multitud de páginas en blanco. Podemos por lo tanto ensayar y errar, algo que reafirma nuestra libertad porque nos permite ejercitarla una y otra vez; pero ahora tenemos frente a nosotros una sola página y en el espacio demarcado por sus cuatro bordes artificiales –¡pero tan nuestros!– comenzamos a acotarla todavía más con las pobres herramientas del lenguaje.

(...)

Hemos comenzado ya a esbozar palabras. Ya no estamos ante una página en blanco y, emborronada su blancura, cuantos más signos tracemos sobre ella más y más se irán reduciendo las posibilidades que antes nos parecían ilimitadas. ¿Lo fueron realmente alguna vez? Ahora bie, por el principio de la división infinita de la materia –la página como espacio, como extensión– cada fraccionamiento del silencio deja a su vez silencios susceptibles de ser fraccionados, espacios de contemplación plenos y valiosos en sí mismos que habrán de actuar como línea de pliegue para otros silencios. Siempre, en el centro del poema, el silencio, constituyéndolo medularmente. En realidad, por lo tanto, a cada silencio llegamos no desde un ruido, no desde un sonido, no desde una palabra, sino desde un silencio previo.

(...)

Para que el poema se forme sobre la página es necesario extraer su materia del inmenso abismo del que procede y que lo circunda; es necesario mantenerlo entre unos márgenes que conserven la blancura y que insinúen la infinitud del plano; es necesario tender el lenguaje sobre el silencio para que su forma pueda ser visible. Hay, pues, un doble juego del silencio en el poema: el del silencio que rompe con su aparición, y el de los silencios interiores que lo penetran y conforman.

(...)

De "Una página en blanco", fragmento, inédito

C. I

jueves, 2 de octubre de 2014




                                                   Tendida el agua fría, quieta, copia,
                                                   sobre sí misma, página de asombro,
                                                   el verso de un ave, ondulante y solo,
                                                   y el punto que al caer pone esa hoja.

                                                   Ha copiado ramas, pájaros, rosas;
                                                   y hoy escribe las plumas, leños rotos,
                                                   el éxodo de pétalos al fondo,
                                                   el leve pliegue que su esquina dobla.

                                                   Las dos láminas, fondo y superficie,
                                                   van copiando el paisaje que se asoma
                                                   y lo avanzan a modo de boceto.

                                                   Eterno el movimiento el agua escribe
                                                   y a cada instante su obsesión lo borra
                                                   para copiarlo una vez más, de nuevo.

C. I

viernes, 15 de agosto de 2014





Estragón se levanta y se dirige hacia Vladimir, con los zapatos en la mano. Los deja cerca de la rampa, se yergue y mira la luna.

VLADIMIR: ¿Qué haces?

ESTRAGON: Contemplo la luna, como tú.

VLADIMIR: Me refiero a tus zapatos.

ESTRAGÓN: Los he dejado allí. (Pausa). Otro vendrá, tan… tan… como yo, pero calzará un número menor, y harán su felicidad.

VLADIMIR: Pero no puedes ir descalzo.

ESTRAGON: Jesús lo hizo.

VLADIMIR: ¡Jesús! ¿A qué viene esto? No pretenderás compararte con Él.

ESTRAGÓN: Lo he hecho durante toda mi vida.

(Samuel Beckett, Esperando a Godot, traducción de Ana Mª Moix, ed. Tusquets)

domingo, 8 de junio de 2014

                                 


"Y así dio comienzo esa orientación de la que no pude desviarme en toda mi vida, a saber: convertir en una imagen, en un poema, aquello que me alegra o me atormenta para asimilarlo de este modo, tanto para corregir mis ideas sobre las cosas exteriores como para tranquilizarme interiormente respecto a ellas (...) Todo lo que desde entonces he dado a conocer no son más que fragmentos de una gran confesión".

Goethe, Poesía y Verdad. Traducción de Rosa Sala.

Imagen: Carlos Izquierdo

domingo, 2 de marzo de 2014



Esculapio - Ampurias

Querido Kinnaird:

Veinte siglos de inclemencias han tallado el relieve de esta piedra con más fuerza que el cincel de su olvidado artesano.

Al escultor debemos sin duda estos miembros proporcionados, casi perfectos, y que sin embargo no son los que nos mueven a detenernos para contemplar la estatua, reflexivos y admirados. Durante largos días aquel hombre desconocido, devorado ya por la historia en la que no tuvo más peso que el que ahora se sostiene ante nuestros ojos, ese hombre cuyos miedos y alegrías, semejantes a los nuestros, han sido arrastrados por el torrente del tiempo sin dejar rastro y a quien acaso le haya sido dado perdurar en su obra más de lo que a cualquiera de nosotros nos será otorgado, durante largos días debió enfrentarse a la roca que habría de sobrevivirle, golpeándola con fuerza para plasmar trabajosamente una mitología. Quizá detrás de su esfuerzo no se ocultara más que la tranquilidad de unas monedas, o de un plato caliente de comida, o de unos latigazos menos severos. Es posible incluso que lo acompañara en su trabajo la ilusión que transmite la mirada de un hijo. Nunca lo sabremos. Pero lo único cierto es que su trabajo proporcionó la materia para el tiempo.

Porque aquel hombre desapareció mientras que la piedra quedó erguida, con inquietante forma humana, frente a los siglos que habrían de sucederse. Vinieron entonces las lluvias y los vientos,   el calor y el frío, el hielo, la humedad, el polvo, las manos que anhelaban el tacto de su contorno. Todo aquello fue cincelando de forma incesante la piedra con un significado que excedía de las pobres manos del artesano. Ahora, cuando la piedra se ha oscurecido, cuando el musgo se acomoda entre los pliegues de su túnica, ahora que la erosión ha desgastado las líneas de sus facciones, que sus ojos rezuman ciegos líquenes y que su brazo nos señala con un enorme vacío, la estatua se ha convertido verdaderamente en el dios que pretendió esculpir alguien, hace demasiado tiempo.

Siempre tuyo, etc, etc.

C. I